Filosofia
Los presocráticos: resumen del pensamiento con esquema y 5 ejercicios resueltos
Quiénes son los presocráticos y qué sostienen: el arché, la escuela de Mileto, Pitágoras, Heráclito, Parménides, Empédocles, Anaxágoras y Demócrito, con esquema, 5 ejercicios resueltos y 3 preguntas frecuentes.
Recomendado para: 1º Bachillerato · 2º Bachillerato
Los presocráticos son los primeros filósofos griegos, activos entre los siglos VI y V a.C., que explicaron el mundo con argumentos racionales en lugar de mitos. Los une una sola pregunta: ¿cuál es el arché, el principio del que todo nace, del que todo está hecho y al que todo vuelve?
Por qué se llaman así
La etiqueta “presocráticos” no es antigua: se impuso en el siglo XX con la recopilación de fragmentos editada por Hermann Diels. No indica solo una cronología, ya que Demócrito es más joven que Sócrates, sino un modo de filosofar: el objeto de la investigación es la physis, la naturaleza, y todavía no el ser humano y la moral.
Aristóteles los llama physiólogoi, “estudiosos de la naturaleza”. El salto respecto al mito está en el tipo de pregunta. El mito cuenta quién creó el mundo; los presocráticos preguntan de qué está hecho, y exigen que la respuesta resista una objeción.
Una advertencia útil antes de estudiarlos: ninguna de sus obras ha llegado entera. Los conocemos por fragmentos (citas literales) y testimonios (resúmenes de autores posteriores), reunidos en la edición Diels-Kranz, de donde vienen siglas como “DK 22 B 91”.
La escuela de Mileto: agua, ápeiron, aire
Todo empieza en Mileto, rica ciudad comercial de la costa de Asia Menor, en el siglo VI a.C.
Tales (hacia 624-546 a.C.) señala como principio el agua. La elección no es arbitraria: es el único elemento que se presenta sólido, líquido y gaseoso, y está presente en todo ser vivo. Heródoto cuenta que Tales predijo el eclipse solar del 585 a.C.
Anaximandro (hacia 610-546 a.C.) objeta a su maestro: si el principio coincidiera con uno de los elementos, este predominaría sobre los demás y acabaría absorbiéndolos. Por eso lo llama ápeiron, lo ilimitado e indeterminado, una realidad sin límites ni cualidades definidas, de la que se separan los opuestos (caliente y frío, seco y húmedo).
Anaxímenes (hacia 586-528 a.C.) vuelve a un elemento visible, el aire, pero aporta la pieza que faltaba: el mecanismo de la transformación. Al rarificarse, el aire se vuelve fuego; al condensarse, viento, nube, agua, tierra y piedra. Por primera vez una diferencia cualitativa entre las cosas se explica con una diferencia cuantitativa de densidad.
Pitágoras: la sustancia es el número
Pitágoras de Samos (hacia 570-495 a.C.) funda en Crotona una comunidad que es a la vez escuela filosófica, hermandad religiosa y grupo político. Su principio no es material: es el número.
La prueba que convenció a los pitagóricos viene de la música. Dividiendo una cuerda según proporciones simples se obtienen los intervalos consonantes: 2:1 da la octava, 3:2 la quinta, 4:3 la cuarta. Si la armonía que reconoce el oído es una proporción numérica, entonces el número es la estructura de lo real.
La escuela entró en crisis con el descubrimiento de las magnitudes inconmensurables: el lado y la diagonal de un cuadrado no tienen ningún submúltiplo común, porque √2 no puede escribirse como razón de números enteros. El “todo es número” no se sostenía en su forma original.
Heráclito: todo fluye
Heráclito de Éfeso (hacia 535-475 a.C.), apodado el Oscuro por su estilo de aforismos, pone en el centro el devenir. Su principio es el fuego, el único elemento que existe solo mientras se transforma.
Cuidado con una imprecisión muy extendida: el célebre panta rhei (“todo fluye”) no es una frase literal de Heráclito, sino la síntesis que da de él Platón. El fragmento auténtico dice que en el mismo río entramos y no entramos, porque las aguas que nos corren encima son siempre nuevas.
El devenir, sin embargo, no es caos. Está regulado por el logos, la ley racional común a todas las cosas, y nace del conflicto: “pólemos es padre de todas las cosas” (DK 22 B 53). Los opuestos no se anulan, se reclaman mutuamente: sin la enfermedad no reconoceríamos la salud.
Parménides: el ser es, el no ser no es
Parménides de Elea (hacia 515-450 a.C.) da la vuelta al cuadro, y lo hace en un poema en verso. Hay dos vías: la de la verdad (alétheia), que sigue solo el razonamiento, y la de la opinión (doxa), que se fía de los sentidos.
La vía de la verdad parte de un principio elemental: el ser es, el no ser no es y ni siquiera puede ser pensado. De ahí deduce que el ser es ingénito (tendría que nacer del no ser), imperecedero, único, inmóvil y completo. El cambio pasa a ser una ilusión de los sentidos.
Su discípulo Zenón defiende la tesis por reducción al absurdo, con las paradojas: la dicotomía, Aquiles y la tortuga, la flecha. No pretende demostrar directamente que el ser sea inmóvil, sino que admitir el movimiento y la pluralidad conduce a contradicciones. Por eso Aristóteles lo considera el inventor de la dialéctica.
Después de Parménides: pluralistas y atomistas
Los filósofos siguientes aceptan la restricción parmenídea (nada nace de la nada) y al mismo tiempo quieren salvar la experiencia del cambio. La solución es común a todos: multiplicar el ser.
Empédocles de Agrigento (hacia 490-430 a.C.) propone cuatro raíces eternas, tierra, agua, aire y fuego, movidas por dos fuerzas opuestas: el Amor, que une, y el Odio, que separa. Nacimiento y muerte son solo mezcla y separación.
Anaxágoras de Clazómenas (hacia 496-428 a.C.) admite infinitas semillas cualitativamente distintas, con la tesis de que en cada cosa hay una parte de todo. Quien ordena la mezcla inicial es el Noûs, la Inteligencia.
Leucipo y Demócrito (hacia 460-370 a.C.) llegan al atomismo: solo existen los átomos, partículas llenas, eternas e indivisibles, y el vacío por el que se mueven. Los átomos se diferencian por forma, orden y posición; los colores y los sabores dependen en cambio de cómo nos aparece su configuración.
Esquema resumen
| Filósofo | Escuela o ciudad | Principio | Idea clave |
|---|---|---|---|
| Tales | Mileto | agua | primera explicación natural del mundo |
| Anaximandro | Mileto | ápeiron | el principio no puede estar determinado |
| Anaxímenes | Mileto | aire | rarefacción y condensación |
| Pitágoras | Crotona | número | la realidad tiene estructura matemática |
| Heráclito | Éfeso | fuego | devenir, logos, unidad de los opuestos |
| Parménides | Elea | ser | el ser es, el devenir es ilusión |
| Empédocles | Agrigento | cuatro raíces | el Amor une, el Odio separa |
| Anaxágoras | Clazómenas | semillas | el Noûs ordena la mezcla |
| Demócrito | Abdera | átomos y vacío | materialismo y mecanicismo |
En los ejercicios de abajo encontrarás una relación filósofo-principio, un verdadero o falso, la atribución de cuatro tesis, el cálculo que disuelve la paradoja de Aquiles y la tortuga, y una pregunta de síntesis sobre la generación posterior a Parménides.
Ejercicios resueltos
1. Relaciona cada filósofo con el principio (arché) que propuso: Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Pitágoras, Heráclito, Demócrito. Principios disponibles: aire, número, agua, átomos y vacío, ápeiron, fuego. base
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- Tales, el primero de los milesios, elige el agua: es el único elemento que se presenta sólido, líquido y gaseoso, y está presente en todo ser vivo.
- Anaximandro rechaza un elemento ya determinado y elige el ápeiron, lo indeterminado e ilimitado: si el principio fuera uno de los elementos, predominaría sobre los demás.
- Anaxímenes vuelve a un elemento visible, el aire, pero añade la pieza que faltaba, un mecanismo: al rarificarse se vuelve fuego, al condensarse viento, nube, agua, tierra y piedra.
- Pitágoras traslada el principio de lo material a lo formal: la sustancia de las cosas es el número, es decir, la proporción medible.
- Heráclito elige el fuego, el único elemento que existe solo mientras se transforma: es la imagen misma del devenir.
- Demócrito cierra la búsqueda con átomos y vacío: partículas llenas e indivisibles que se mueven en un espacio vacío.
Resultado: Tales → agua; Anaximandro → ápeiron; Anaxímenes → aire; Pitágoras → número; Heráclito → fuego; Demócrito → átomos y vacío
2. ¿Verdadero o falso? Corrige las afirmaciones falsas. a) Se llaman presocráticos solo porque todos vivieron antes de Sócrates. b) Conservamos completas sus obras. c) Para Parménides el no ser no puede ser pensado ni dicho. d) Para Anaxágoras el orden del cosmos lo produce una inteligencia, el Noûs. base
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- a) Falso: Demócrito nació después de Sócrates. La etiqueta señala sobre todo un modo de filosofar, centrado en la naturaleza y no en el ser humano.
- b) Falso: ninguna obra presocrática ha llegado entera. Quedan fragmentos (citas literales) y testimonios (resúmenes de autores posteriores).
- c) Verdadero: es el núcleo de la vía de la verdad. Pensar el no ser sería pensar la nada, es decir, no pensar nada.
- d) Verdadero: la mezcla inicial de semillas quedaría indiferenciada sin el Noûs, la Inteligencia que pone en marcha el movimiento ordenador.
Resultado: a) Falso (Demócrito es posterior a Sócrates); b) Falso (solo fragmentos y testimonios); c) Verdadero; d) Verdadero
3. Atribuye cada tesis al filósofo correcto y justifica la elección en una línea. 1) 'En el mismo río entramos y no entramos.' 2) 'El ser es ingénito e imperecedero, porque tendría que nacer del no ser.' 3) 'Las cosas nacen de la unión de cuatro raíces impulsadas por el Amor y el Odio.' 4) 'Antes de llegar a la meta hay que recorrer la mitad, y antes la mitad de la mitad: así el movimiento no puede empezar.' intermedio
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- 1) Heráclito: el río es su imagen del devenir. Permanece igual como forma mientras cambia sin cesar la materia que lo compone.
- 2) Parménides: es la deducción central de la vía de la verdad. Si el no ser no es, el ser no tiene de dónde nacer ni dónde acabar.
- 3) Empédocles: las cuatro raíces (tierra, agua, aire, fuego) son eternas, y las dos fuerzas cósmicas de Amor y Odio explican su unión y separación.
- 4) Zenón de Elea: es la paradoja de la dicotomía, construida por reducción al absurdo en defensa de Parménides frente a quienes admiten el movimiento.
Resultado: 1 → Heráclito; 2 → Parménides; 3 → Empédocles; 4 → Zenón de Elea
4. La paradoja de Aquiles y la tortuga sostiene que el corredor nunca alcanzará al animal, porque cada vez que llega adonde estaba la tortuga, esta ya se ha desplazado. Supón que Aquiles corre a 10 m/s, la tortuga a 1 m/s y que la tortuga sale con 90 m de ventaja. ¿Al cabo de cuánto tiempo y a qué distancia de la salida de Aquiles se produce el adelantamiento? ¿Qué dice el cálculo sobre la paradoja? intermedio
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- Escribo las posiciones en función del tiempo: Aquiles x = 10t, tortuga x = 90 + t.
- El adelantamiento ocurre cuando las posiciones coinciden: 10t = 90 + t, es decir 9t = 90, luego t = 10 s.
- Calculo la distancia: Aquiles recorre 10 · 10 = 100 m. Comprobación con la tortuga: 90 + 10 = 100 m. Las posiciones coinciden, el resultado es correcto.
- Rehago ahora el recorrido 'a la manera de Zenón': Aquiles cubre los 90 m en 9 s, pero entretanto la tortuga ha avanzado 9 m; cubre esos 9 m en 0,9 s, pero la tortuga ha avanzado 0,9 m; y así indefinidamente.
- Sumo los tiempos: 9 + 0,9 + 0,09 + … es una serie geométrica de razón 0,1, cuya suma vale 9 / (1 − 0,1) = 9 / 0,9 = 10 s. Exactamente el valor hallado antes.
- Conclusión: Zenón acierta al decir que los pasos son infinitos, pero se equivoca al deducir que el tiempo deba ser infinito. Infinitos intervalos pueden sumar una cantidad finita.
Resultado: Aquiles alcanza a la tortuga a los 10 s, a 100 m de su propia salida. Las infinitas persecuciones que describe Zenón suman una cantidad finita (9 + 0,9 + 0,09 + … = 10 s), así que la paradoja no demuestra que el movimiento sea imposible.
5. Parménides demuestra que nada puede nacer de la nada y que el ser es inmutable: parecería entonces que el cambio es una ilusión. Explica cómo Empédocles, Anaxágoras y Demócrito logran respetar ese principio y a la vez salvar la experiencia del devenir. avanzato
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- Fijo la restricción: si el no ser no es, nada nace de la nada. Toda explicación del cambio debe renunciar a la creación y a la destrucción.
- El movimiento común a los tres es el mismo: multiplicar el ser. Lo que es sigue siendo inmutable, pero ya no es uno solo: son muchos elementos eternos que se mezclan y se separan.
- Empédocles pone cuatro raíces eternas (tierra, agua, aire, fuego) movidas por el Amor y el Odio: nacer y morir se reducen a mezcla y separación.
- Anaxágoras lleva más lejos la división: infinitas semillas cualitativamente distintas, con una parte de todo en cada cosa. Cambiar significa cambiar las proporciones de la mezcla, no producir algo nuevo.
- Demócrito lo reduce todo a átomos llenos, eternos e indivisibles, que tienen las propiedades del ser parmenídeo. Pero admite el vacío, que para Parménides sería no ser, precisamente porque sin él el movimiento sería imposible.
- Conclusión: el devenir ya no es creación, sino reorganización de lo que existe desde siempre. Es la misma estructura lógica de los principios de conservación de la física moderna.
Resultado: Los tres aceptan que nada nace de la nada y reducen el devenir a agregación y separación de elementos eternos: las cuatro raíces movidas por Amor y Odio en Empédocles, las infinitas semillas ordenadas por el Noûs en Anaxágoras, y los átomos que se mueven en el vacío en Demócrito.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman presocráticos?
La etiqueta se impuso en el siglo XX con la recopilación de fragmentos editada por Hermann Diels en 1903. No es solo cronológica: Demócrito nació después de Sócrates, pero se cuenta entre los presocráticos porque investiga la naturaleza y no, como Sócrates, al ser humano y el bien.
¿Qué es el arché?
Es el principio de las cosas en tres sentidos a la vez: aquello de lo que todo se origina, aquello de lo que todo está hecho y aquello en lo que todo se disuelve. Buscar el arché es buscar una explicación única y permanente bajo la variedad cambiante de los fenómenos.
¿Cómo conocemos su pensamiento si sus obras se han perdido?
Por dos vías: los fragmentos, es decir, las citas literales conservadas por autores posteriores, y los testimonios, los resúmenes que ofrecen Platón, Aristóteles y los doxógrafos. Las ediciones modernas los citan con la sigla DK (Diels-Kranz), por ejemplo 'Heráclito, DK 22 B 91'.